domingo, 22 de enero de 2017

Paciencia es ser, mientras se espera

Tal vez una de las cualidades, o virtudes, menos comprendidas es la paciencia, pues en el lenguaje coloquial usamos esa expresión como justificación a no entregar un trabajo bien hecho, a ser más lento que lo esperado o simplemente por no tener ganas de hacer algo. Comúnmente, la persona miraría a la otra – la que no tiene paciencia – y diría: Sé paciente…

Y no es así. Paciencia significa algo distinto; para los ejemplos anteriores, misericordia humildad serían las virtudes más apropiadas.

Ser paciente es SER mientras se espera por los resultados o a que un determinado proceso finalice. El ejemplo clásico se relaciona a la agricultura, donde la persona siembra y siembra, cuida y cuida, y no surge lo que necesita a la hora que la persona quisiera. El agricultor necesita paciencia suficiente, sabiendo que hizo lo debido y reconociendo sus propias especialidades y capacidades, hasta que lo que desea surja y pueda cosechar.

Paciencia está por lo tanto basada en el conocimiento, en la dedicación y el servicio: si los tres están presentes, la persona naturalmente será capaz de esperar, SIENDO lo que ella es mientras no brota lo que sembró. Una persona paciente está totalmente segura de que algo realmente ocurrirá.

Entonces, ¿es posible ser paciente con relación a otras personas? En el caso de padres, profesores y tutores en general, además de jefes, gerentes y líderes, la paciencia provoca en la persona una autoverificación, procurando comprender si realmente ha entregado al otro las herramientas necesarias.

Un interesante ejemplo me lo dio la entonces embajadora de la India en Panamá. Ella viene de un estado muy tranquilo y se quedó aterrorizada al ver a su hijo adolescente perdido en las noches de Londres, cuando allá sirvió. Pensó en que hacer, pues su sabiduría le indicó que hablarle al muchacho solo lo haría ser aún más rebelde. Reflexionando más, descubrió que le había dado a esa persona todo lo que necesitaba para ser un gran ser humano, así que decidió esperar… Pocos días después, el furor del joven fue remplazado por su comportamiento anterior, sin dejarse llevar tanto por lo que las noches londinenses le podrían ofrecer.

¿Cómo desarrollar la paciencia? En primer lugar, asimilar un conocimiento que facilite el entendimiento de lo que sucede alrededor. Dedicarse y servir, enfocándose al tema específico.


Mientras se espera, es bueno recordar SER lo que eres…

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