Hablando el idioma del corazón
Desde niño, lenguas me ha parecido un tema fascinante. Criado por una abuela española en Brasil, no dominé el idioma portugués hasta cuando tenía 6 años de edad. Más tarde, entré en contacto con el idioma inglés y español y hoy manejo los tres de forma óptima. Pero no es suficiente si te quieres comunicar con el mundo, incluso con personas que hablan estos idiomas. Malos entendidos suceden todo el tiempo pues aunque el mensaje sea claro, nuestra percepción, potenciada por el excelente equipo natural que es el cerebro, acaba cambiando lo que se quiere decir. En mi caso, recuerdo dos situaciones bastante chistosas. La primera sucedió cuando vivía en Santiago, donde aprendí a hablar español. En mi afán de parecerme un local, empecé a utilizar mucho las expresiones coloquiales. Un día, alguien llamó al citófono del apartamento donde vivía; mientras le contestaba y presionaba el botón para abrir la puerta, otra persona concluía una muy triste historia, a la cual le contesté ¡Qué la...