Una actitud motivadora

 

Para algunos de nosotros, la motivación viene en formas tangibles: regalos, dinero, palabras alentadoras. Para otros, es algo mucho más sutil: una actitud, una forma de posicionarse en la vida. Recientemente escuché una historia preciosa.

Un joven eligió ir en contra de las expectativas de su familia. En lugar de aceptar un trabajo tradicional, emprendió un viaje de exploración. Finalmente se quedó sin hogar, no porque estuviera ocioso, sino porque escribía. Su mayor oposición vino de su propio padre. Sin embargo, un día, tras recibir el premio más prestigioso de su país por su trabajo, llevó el premio a ese hombre tan quieto que nunca le había entendido. Sin decir una palabra, el padre lo aceptó. En ese gesto silencioso, el hijo sintió el calor del reconocimiento, quizás la motivación más profunda que jamás había recibido. Uno de sus próximos libros, dijo, sería sobre ese hombre que nunca le animó... y aun así le motivaba a su manera.

Cuando hablamos de la motivación como una actitud, no estamos preguntando cómo nos inspiran los demás, sino cómo mantenemos un estado motivado incluso ante la resistencia.

Esta actitud se basa en tres entendimientos:

1. Estamos siguiendo nuestro propósito, nuestra verdad. No importa lo que ocurra externamente, este es el camino a recorrer, nuestra vocación.

2. Puede que estemos trabajando en algo más allá de la percepción de los demás. Es natural que los demás no puedan comprender completamente nuestras elecciones y, por lo tanto, no podamos depender de su motivación ni molestarnos con su oposición.

3. No esperamos resultados inmediatos. La actitud motivacional se construye para una maratón, no para una carrera de 100 metros. El combustible proviene de la energía interior, la positividad y la resiliencia, más que de las condiciones externas.

Sin embargo, hay tres riesgos de los que debemos estar atentos:

1. Podemos malinterpretar nuestro propósito. Especialmente cuando nos encontramos con oposición, ayuda verificar con alguien en quien confiamos; siempre hay la posibilidad de equivocarnos.

2. La falta de comprensión de otros puede deberse a nuestras propias lagunas de comunicación. Un@ amig@, un@ mentor@ o un@ coach puede ayudarnos a aclarar nuestro mensaje y reducir la resistencia innecesaria.

3. Los resultados a largo plazo requieren paciencia. El agotamiento puede aparecer con el tiempo. Una forma de manejar esto es transformar el cansancio en un plan, dividiendo el viaje en metas cortas y secuenciales que mantengan el proceso vivo y dinámico.

Una actitud motivacional no garantiza la perfección, pero sí nos lleva hacia un cierto tipo de éxito, el que se construye desde dentro.

 

Este es un post de una serie sobre la motivación: empezando desde dentro.

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