domingo, 16 de octubre de 2016

Ser muy inteligente es ser muy sensible

Se acostumbra medir la inteligencia según viejos parámetros que normalmente tienen en cuenta un solo tipo, el lógico-matemático.

Sin embargo, esa definición le quitó vida y corazón a la inteligencia. En realidad, si ves en películas o series de televisión normalmente la persona más inteligente es fría y calculista, sin corazón y posiblemente un científico loco, listo para conquistar el mundo…

En Eureka, una teleserie americana, la idea era diferente. Sí, no faltaban las personas frías, pero en una ciudad de personas inteligentes es el brillante tonto sheriff quien se encarga de descubrir lo que nadie más era capaz. Es fácil de identificar que de lejos el personaje desempeñado por el actor Colin Ferguson supera a los demás por su sensibilidad y provoca una revolución en esa ciudad, pues la sensibilidad pasa a ser valorada…

Después de todo, la relación entre diversos eventos y personas no es algo linear y unidimensional; es desafiador, multidimensional, cíclico e imprevisible. La inteligencia normal y corriente no es apta para un mundo tan complejo.

La sensibilidad activa el otro cerebro, si prefieres pensar así, o bien se conecta con la espiritualidad que todos tenemos, pues cuando nos concentramos en lo espiritual, lo material asume otra forma. La sensibilidad espiritual viene del silencio, del desapego, del amor incondicional y la paz profunda interior del ser.

Esa sensibilidad única entrega a la inteligencia la capacidad de la intuición, lo que la complementa, ayudándola a comprender lo invisible e intangible que siempre está presente en cualquier evento o persona.


Meditar accede esa sensibilidad que todos tenemos y te ayuda a ser más inteligente. Y más sensible.





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