domingo, 16 de diciembre de 2012

Sobre el verdadero desapego


Mientras la base del cristianismo es el amor y la caridad, otras tradiciones se basan en lo que aparentemente es su opuesto: el desapego. Pero, si estudias más profundamente esta filosofía, verás que el desapego no es el antónimo del amor, sino que su complemento.

Pensemos en una enfermera, una de las profesiones más nobles y fruto de una verdadera vocación. El desapego es lo que le permite servir con mucho amor a los pacientes. Al no enredarse en sus historias, enfermedades y problemas, ella es capaz de cuidarlos de manera más efectiva. Lo mismo se podría decir de bomberos, médicos, madres, padres, parejas, etc.

El desapego estabiliza el amor y lo equilibra, haciéndolo más valioso y profundo que antes. El desapego ayuda que el amor tome forma de manera positiva, no intrusiva, permitiendo a la otra persona ser lo que es y no temer su propia autenticidad. El desapego te enseña el amor del cuidado, del interés profundo por la otra persona, el amor que da vida y la cuida con mucho cuidado.

¿Cómo hacer para desarrollar el desapego? En realidad, el desapego nace de un amor muy particular: el amor por el propio ser. Cuando aprendes a amarte mucho, mucho, entonces es fácil desapegarte de todo lo demás y permitir que este amor fluya de tu ser hacia los demás. Ámate no por lo que tienes o por lo que lograste, pero por quien eres, por tus cualidades y capacidades.

Desapégate y podrás experimentar el verdadero amor; el desapego es un método.

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