domingo, 20 de mayo de 2018

Manejando tres tipos de perspectivas ante la vida


Hay básicamente tres perspectivas que una persona puede tener que se convierten en actitudes y guían las acciones de cada uno: realismo, optimismo y pesimismo.

Tomemos el ejemplo de un día de lluvia en una ciudad:
·        El optimista verá la oportunidad de la naturaleza de renovarse y se regocijará, aunque esté mojándose mucho.
·        El pesimista imaginará congestiones de tráfico por las calles inundadas y posibles enfermedades, aunque esté bien seco y protegido.
·        El realista aceptará un poco de ambos. Si bien comprende la bondad de la lluvia, planeará su día mejor para evitar el tráfico y tomará cuidado con su propia salud.

Ante una misma situación, en circunstancias idénticas, cada persona reaccionará de una manera diferente, generando acciones correspondientes y muchas veces reforzando su actitud como la correcta: basta que un pajarito juegue en la lluvia o que una persona aparezca con gripe para que el optimista o pesimista se considere victorioso.

¿Quién tiene la razón? En realidad, la experiencia de cada uno es suya propia, pero, teniendo en cuenta que tipo de persona eres, hay algunos aspectos que pueden servir para vivir la vida mejor.

Optimistas: mariposas volando en la ventana…
¿Cómo saber si eres optimista? El optimista es aquel quien es capaz de ver aspectos positivos en cualquier situación. Así que si la situación es positiva (entrega beneficio, es divertida, interesante), el optimista la gozará a todos momentos. Es un momento de relajación interesante, sin embargo, sería aún más valioso si la persona decidiera invertir esa energía creando algo aún más positivo, por ejemplo, extendiendo el beneficio que experimenta a personas que por alguna razón no lo pueden tener. El optimismo entonces se enraizará y pasará a ser un hábito.

¿Qué pasa cuando las cosas no van bien? Hay dos actitudes principales que se observan en la gente optimista: la primera es la de negar lo negativo y atrincherarse en una visión optimista irreal, mientras la segunda es aceptar lo negativo, pero enfocarse en lo positivo.

En realidad, no hay nada peor que alguien que no ve que el edificio en el que está se va a caer a cualquier momento, la comida está de mal sabor o su equipo está perdiendo de 7 a 1 (oops…) y cree que aún puede ganar… Muchas veces los optimistas se vuelven insensibles a la realidad personal o ajena y olvidan la complejidad en que se vive. Así que si mucha gente te habla, optimista, que las cosas están mal, evita sonreír o decir que todo está excelente. Si lo haces, no eres optimista… soñador tal vez, pero no optimista.

Mirando la naturaleza, observamos que las flores más bellas y fragantes son abonadas con sustancias de mal olor y feas, tragedias se vuelven benéficas a lo largo de los años y la lluvia impresionante que no te permite salir a trabajar hará que la vegetación se fortalezca y limpiará el aire de la ciudad. El verdadero optimista está contento con lo que le venga y aun reconociendo que algo no está bien, valorará lo que sea posible: tenemos que salir del edificio pronto, lo importante es que nadie salga lastimado; no importa la comida, ¡nos estamos divirtiendo!, y esta derrota nos hará más fuertes, aprenderemos de eso.

Pesimistas: nubes negras en la ventana…
¿Cómo saber si eres pesimista? El pesimista es aquel quien ve prioritaria o únicamente aspectos negativos en toda situación; si es negativa (problemas, obstáculos, situaciones adversas), el pesimista la ampliará en su mente y palabras. Eso hará con que a veces se estrese, pero disfrutará de cierta manera de la adrenalina que viene de eso. Sería valioso, sin embargo, que en vez de convertir lo malo en algo peor, se dedicara a encontrar soluciones factibles para lo que se vive, lo que aumentaría la capacidad de socializarse del pesimista y consecuentemente, suavizaría los aspectos más inquietantes de su actitud.

¿Qué pasa cuando las cosas sí están bien? Hay dos actitudes principales que se observan en la gente pesimista: la primera es la de negar lo positivo y atrincherarse en una visión pesimista irreal, mientras la segunda es aceptar lo positivo, enfocándose en lo negativo.

El mal pesimista verá amenazas en todas partes: una casa nueva que afirma se caerá a cualquier momento, una comida deliciosa que debe estar contaminada con algo y enfermará a todos y la victoria de ese equipo no fue nada, pronto volverá a perder… Los pesimistas suelen ser insensibles a la celebración ajena o colectiva, olvidando su valor en la vida de una comunidad. Así que si mucha gente te habla, pesimista, que las cosas están muy bien, evita reclamar o quejarse tanto. Si lo haces, no eres pesimista… aguafiestas tal vez, pero no pesimista.

Mirando la naturaleza, observamos que muchas especies no hubiesen sobrevivido si no estuvieron siempre alerta a los predadores en una actitud francamente pesimista. El verdadero pesimista se convertirá en un consultor que mostrará las fallas de forma clara y no emocional, ayudando a que los demás vivan mejor: esta casa es nueva, pero sería bueno revisar su fundación; siento que hay algo extraño con ese alimento, voy a conversar con la persona que lo preparó a ver qué pasó, y es victoria, pero no dejemos de entrenar y mejorar.

Realistas: hay nubes negras y blancas, hay mariposas e insectos en la ventana…
El realismo es un poco distinto.

Del punto de vista biológico, basado en el trabajo de JillBolte Taylor, se considera que mientras el lado izquierdo del cerebro se enfoca en el pasado y futuro, es el lado derecho que está en el presente. Irónicamente, parece que la parte más intuitiva de nosotros es la que más se acerca a la realidad.

Aquí no hablamos de si la camisa es verde o azul; hablamos del impacto de la realidad en el ser. Una persona realista será capaz de reconocer lo que realmente está pasando y con esta perspectiva, encontrar soluciones efectivas.

Por otro lado, en la filosofía oriental se habla mucho del impacto de la ilusión, de Maya; el realista evitará la trampa del espejismo que viene de la expectativa, emotividad, falta de claridad o confusión, concentrándose en lo que realmente es, siendo más lógico, aclarando las circunstancias y centrándose, en vez de confundirse.

Para una persona realista, la casa nueva no va a caer tan pronto, pero la comida sí puede estar contaminada… Es una persona que acepta, a regañadientes, la derrota de su equipo, pero ve esperanza por detrás.




Entonces, ¿cómo te sientes con relación a eso? ¿Qué puedes hacer para pulir tu perspectiva ante las circunstancias que te rodean?

No hay comentarios.: