domingo, 13 de mayo de 2018

Las cuatro dimensiones de la satisfacción personal


Llegamos al final de nuestra serie sobre el ikigai.



En la filosofía japonesa, cada persona tiene un ikigai, que es la razón de ser o el propósito mayor de su vida, lo cual se experimenta a partir de la convergencia de cuatro dimensiones.

La principal consecuencia de esa experiencia es la plenitud, es decir una satisfacción personal tal que hace que no hay deseos o necesidades inalcanzables, y los esfuerzos realizados son fructíferos.

Para llegar a este estado, mira que en cada acción o comportamiento, esté presente una energía increíble, un entusiasmo fantástico que rompa todos los esquemas. Hay que haber pasión para que haya real satisfacción, pero no la pasión en el sentido superficial, sino la que actúa como una llama que jamás se extingue.

Mientras la pasión normal viene de impulsos mayoritariamente externos, por lo tanto no estables y constantes, la pasión que estimula el despertar de la plenitud viene de lo más profundo del ser, de una fuerte convicción y una poderosa unión: el ser con uno mismo y con lo que cree como esencial y fundamental.

¿Cuán apasionad@ te sientes por la vida hoy?

No basta pasión para que experimentes satisfacción y esta se vea en tu trabajo, vida social y personal. Necesitas también tener una misión clara, es decir, una línea de acción enfocada a lograr objetivos específicos y a servir a los demás.

Hay dos tipos básicos de servicio: el que es voluntario, y por lo tanto altruista, y el que recibe una remuneración, lo cual exploraremos más adelante en otra dimensión. En términos de misión, comprendamos que ambos tipos de servicio se equilibran y hacen que el Ikigai sea dinámico, no estático. El servicio voluntario te permite un crecimiento personal único, haciendo que lo mejor de tu ser se exprese, es decir, facilitando a que cumplas tu misión en la vida.

¿De qué formas sirves el mundo a diario?

Se podría decir que la vocación complementa el aspecto del servicio, entregándole profundidad tanto al remunerado como al voluntario. La vocación tiene un impacto positivo en todo lo que la persona decida y expresa a través de las acciones.

Sencillamente hablando, alguien que hace algo que está alineado a su vocación sonríe al trabajar, se mantiene calmado ante las adversidades y sostiene esperanza aún ante las situaciones más duras de la vida. Todo le dará contentamiento. Hay un reto común contemporáneo que es el de que tu vocación está escondida detrás de acciones y comportamientos. Si quieres realmente conocerla, mira las acciones que te son naturales y los comportamientos auténticos y genuinos que expresas.

¿Quieres descubrir tu vocación? Contesta: ¿En qué trabajo te desempeñarías si no tuvieras que trabajar?

Otro elemento fundamental está presente en tu profesión: es mucho más que lo que haces; es aquello que profesas, lo que crees y que pudiste convertir en una realidad en tu vida diaria. Además es tu legado más inmediato a las personas que te rodean y es la oportunidad más fácil para que des ejemplo de vida.

En los últimos siglos, la profesión fue dejando ser algo casi sagrado, conectado directamente a la vocación, a ser un mero medio de subsistencia. El Ikigai apoya a que rescatemos su importancia, pues sin una profesión clara, el ser no llegará a su satisfacción. El trabajo remunerado funciona como un motor de motivación, facilitando a que la persona viva en autoestima en otras áreas de la vida.

¿Qué profesas a cada día a través de tu trabajo?



¿Te sientes estresado o angustiado en tu trabajo? Tal vez no tengas pasión suficiente, o quizá lo que haces no está alineado a tu profesión verdadera, vocación o misión.

¿Estás incómodo con tu situación familiar presente? Mira si la forma como manejas las situaciones es de acuerdo a tu misión y vocación.

Explora el Ikigai en todas sus dimensiones y mira el éxito integral que viene a partir de eso…

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