domingo, 24 de diciembre de 2017

FELIZ NAVIDAD: regalos escondidos…

- Ramiro, cuando mete algo en su cabeza…
La mamá sacude su propia cabeza, como si eso ayudara a sacar la idea que entró a la mente de su hijo. Eran sus primeras vacaciones desde que empezó a trabajar y había tomado una decisión que ninguno de los dos estaba satisfecho.
Los dos, en este caso, eran sus padres.
- Querido, ¿por qué no vas con él?
Borja baja su móvil por un momento; estaba bien entretenido con un video que le habían mandado sobre energía solar, pero reconoce la urgencia en la voz de su amada esposa. Es increíble que después de más de veinte años viviendo juntos, ella todavía parezca ser la mujer más bella.
- ¿Qué quieres que haga? Me ofrecí a ir con él, pero no lo quiere, desea hacer eso solo.
- ¡SOLO! ¿Qué quiere probar? – se detiene de su presente tarea (estaba preparando una propuesta a un cliente) y habla en voz baja - ¿será que está sufriendo bullying en el trabajo?
El marido sonríe, aunque esa misma idea le pasó por la cabeza.
- Flora, no es así… él recuerda cuando lo llevamos allá y, bueno, quería volver ahora, solito, como un rito de pasaje. Es una idea propia y estoy seguro que todo va a salir bien. Estuve mirando y el sitio ha cambiado mucho, hay bastante seguridad…
- Seguridad… Pero, ¡es un niño!
- … Que trabaja y gana su propio ingreso, incluso que pronto saldrá de aquí.
Los dos quedan en silencio.
- Querida, lo amo igual que tú lo amas, pero impedir que salga…
- No he dicho esto.
- …o que yo vaya con él sin que lo quiera no es bueno. Es hora que aceptemos que nuestro Rami es ahora Ramiro, jefe de un departamento, que está incluso pensando en ir a vivir con otra persona.
- ¿Tiene que ser esta… esta… persona?
- Sí, eso es lo que quiere. Puede que no nos guste, pero apoyamos no la decisión, no la otra persona, sino a él. Para eso la vida nos contrató de padres, ¿o no?
La sutil broma no impide que el silencio aumente. Sin percibir, Borja regresa a mirar el video, pero entiende que no es el momento, pone su aparato en la mesa, pasa la mano por la cara, mira de nuevo a Flora y le dice con seriedad y amor:
- Mira, lo que podemos hacer es lo siguiente: yo voy también, pero – aumenta el volumen de su voz al ver la reacción feliz de su esposa – iré medio día más tarde, ¿qué te parece?

Todo ese drama se debe a que Ramiro decidió volver a un lugar en el alto de una montaña. Allá fue con sus padres cuando tenía solo tres años, pero por alguna razón siente que allá hay algo especial.
Y eso es lo que necesita ahora: ser jefe es lo más DIFÍCIL del mundo y siente que está a punto de perder su trabajo; su pareja no quiere mudarse con él, ambos están confundidos con muchas presiones y exigencias; sus padres REALMENTE no quieren que él salga, etc. etc. etc.
No sabe porque, pero quiere utilizar sus vacaciones de navidad para salir, para experimentar algo distinto, para dejar de ser Ramiro. Su papá le comentó que de todos modos, quiere ir con él – bueno, no con él, pero cerca – y Ramiro en el fondo agradece ese apoyo, pues sabe que la escalada será difícil y peligrosa y el lugar es muy solitario.
Se certifica nuevamente que lleva todo, mira para ver que sus padres no están, y sale del apartamento, dejando una nota de despedida para que sepan que se fue.
Un día antes del plan…

Dos días después, Ramiro está enojado consigo mismo. ¿Cómo se le ocurrió venir aquí? El frío, el viento, la falta de alguien para conversar, ¡ni siquiera el móvil funciona!
Por lo menos tiene comida y agua suficientes, y los hostales existen – aunque trata de irse lo antes posible, pues no son muy limpios…
Si por lo menos… no, es mejor estar solo. Este enojo, o esta perturbación, es parte del proceso de ganarse un verdadero regalo de navidad.
La idea surgió cuando escuchó a sus padres hablando que le darían de regalo, pero lo ven como un niño… ¡Querían esconder el regalo! Así que decidió darse un regalo a sí mismo y volver a este lugar mágico, pues todavía recuerda las luces que vio, la energía que sintió, algo que no debía pasar, pero sí pasó.
De repente se da cuenta que se da su primer regalo: deja a un lado el enojo y la perturbación, y abraza sus decisiones. Después de todo, parece que la vida también le está escondiendo regalos.

El día siguiente encuentra a un Ramiro tranquilo y feliz, lleno de energía. Ya falta poco para llegar a ese espléndido lugar. En realidad, no recuerda bien como era el sitio, cuando fue era muy pequeño y solo quedó mirando las luces…
Al final del día, hace su último campamento, duerme y parte bien temprano…
En el camino, mira el cielo completamente limpio, el horizonte engrandecido a su izquierda y el camino rocoso delante de sí, y entonces observa algo que le llama la atención…
Se acerca de una pequeña flor de color naranja… aunque en esta zona del mundo no hay nieve, el frío es bien intenso y a pesar de eso, esa flor está bien. De hecho complementa el escenario como si siempre estuviera ahí.
Por un momento, Ramiro quiere quitarla de ahí y llevársela, pero decide no hacerlo. Es su derecho estar ahí y trata de imaginar todo el esfuerzo que esta plantita tuvo que hacer para crecer en un entorno tan inhóspito…
Y es su segundo regalo: la realización de que la vida no hace las cosas fáciles. Ramiro se da cuenta que es uno quien debe facilitar las cosas en la vida.

Viene la desilusión al llegar a este pequeño lugar – más pequeño que su habitación… Sí, el paisaje es espléndido y puede ver hasta la frontera, probablemente hasta el país vecino, pero…
Las luces… ¿qué pasó? ¿Será que fue imaginación de niño?
El sol se pone y no pasa nada.
La noche llega, extendiendo su frazada sobre la triste cara de Ramiro. No pasa nada.
Entonces, mientras duerme, sueña… Ve a un señor ya de mucha edad que solía ir a arreglar el jardín cuando su familia vivía en una casa. El hombre le sonríe.
- Hola, Ramiro, veo que llegaste a tu meta.
- Sí, llegué…
- Pero no era lo que esperabas, ¿correcto?
Ramiro no responde nada. El hombre sigue ocupado arreglando el jardín.
- ¿Recuerdas que a tu mamá siempre le encantaba el jardín como yo lo dejaba? Te cuento un secreto… En realidad, nada nunca funcionaba, yo era quien tenía que hacerlo funcionar, cambiando una planta de un lugar a otro, cortando las ramas, podando árboles, insertando piedras donde no había…
Ramiro solo escucha…
- Sabe, Ramiro, si quieres realmente comprender tu vida, entiende que tú eres el jardinero de ella. Las cosas no van a venir solas y a veces te sentirás cansado, a veces alegre, pero al final, cuando mires el jardín, cuando llegues a la edad que llegué, verás que valió la pena… Mientras tanto, disfruta mucho este trabajo que tienes, los padres increíbles y ese ser valiosísimo que abrió su corazón a ti.
Ramiro abre los ojos. No ve luces, ni nada extraño, pero en su corazón hay la certeza sobre que tiene que hacer. La vida le había entregado su tercer regalo.

Meses después, ya viviendo lejos de los padres, Ramiro descubre que el señor jardinero – Ramón se llamaba – había fallecido muchos años antes. Por respeto, decide ir a visitar su tumba. Va solo y llega consigo flores del pequeño jardín que está siendo cultivado en el apartamento.
Cuando llega allá, descubre que su tumba está cubierta de flores: algunas son parte de un pequeño jardín que alguien le preparó en el mismo lugar, otras que le llevaron.
Se da cuenta de una pequeña tarjeta que brilla ante el sol. La tarjeta simplemente dice:


¡Gracias por el maravilloso regalo!


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