domingo, 9 de agosto de 2015

El verdadero poder de Dios

Una de las cosas que aprendemos desde chicos en la cultura en la cual la mayoría vivimos es la omnipotencia de Dios. Debido a ello, hemos visto nuestras abuelas y otros parientes desvelándose en oraciones y penitencias, tratando de conmover el corazón de la Deidad Suprema de forma a lograr alguna cura imposible o superar un desafío económico. A veces, Dios aparentemente responde; otras veces, tenemos que resignarnos.

Esa fue una de las cosas que me alejó de Dios, quitando su presencia de mi vida alrededor de 10 años de edad, cuando mi abuelo de forma repentina y brutal murió. Igual, mi vocación natural espiritual no me abandonaría y a través de la lectura de la Biblia, del Gita y de textos de Seicho-no-ie busqué algo que no logré encontrar inmediatamente. Pasaron algunos años hasta que un nuevo concepto surgió para mí. Junto con una fantástica experiencia de encontrar a Dios a través de la práctica del raja yoga, pude sentir algo completamente distinto.

En primer lugar, el papel de Dios es como el del Sol. No podemos realmente quejarnos que el Sol no aparece o que es demasiado caliente. No podemos decir que algunos lugares son privilegiados con más Sol, otros con menos. El Sol simplemente ES; depende de nuestro esfuerzo acercarnos al él. Además, ¿cómo podemos utilizar el vasto potencial que nos brinda nuestro astro máximo? Eso depende de nuestro conocimiento del tema.

Dios ES; si queremos acercarnos, debemos aprender quién realmente es y qué puede y no puede hacer. Es clave por lo tanto tener un conocimiento que ayude a eliminar las paradojas de las diferentes creencias sobre Dios.

Es nos lleva a otra idea revolucionaria para mí: realmente, Dios no es omnipotente. ¡Oops! Si lo comparamos nuevamente con el Sol, veremos que el Sol no es omnipotente en el sentido de que puede hacerlo todo; tiene claras limitaciones debido a la distancia de la Tierra y la forma con la que gira. Esas limitaciones no son tanto del Sol, pero de su impacto sobre nosotros. Después de todo, si alguien vive en el extremo norte o sur, no puede esperar que el invierno no llegue, pues en algún momento vendrá.

Dios es lleno de todos los poderes y realmente creo que todo lo puede, pero no es lógico pensar que Dios interfiriera en un universo con sus propias leyes. Por ejemplo, si alguien está por morir, es parte del ciclo de vida y del equilibrio en el que existimos. No es la voluntad de Dios que alguien muera o sobreviva, simplemente hay cosas pasando, leyes que se están cumpliendo y Dios no puede intervenir en eso. Su poder sin embargo nos puede afectar de tal forma que libere nuestro propio poder interior. Esta es la verdadera omnipotencia de Dios: no es curar a alguien que esté muriendo, sino darle una cualidad con la cual pueda manejar el sufrimiento generado por esto.

En uno de mis últimos viajes, conocí a una persona muy especial y espiritual, quien ha tenido experiencias valiosas desde joven en su vida. En algún momento, su hijo de 23 años murió de un devastador cáncer. Poco antes de su muerte, este hombre recibió unos dulces de quien cree que es Dios, y pensó que con los dulces, su hijo se curaría; el hecho de que Dios no lo curara le hirió tal vez más que la misma muerte de su hijo. Pocos días después, tuvo un encuentro espiritual con Dios y se dio cuenta de algo; a pesar de ser un cáncer que provoca mucho dolor, nunca vio a su hijo llorar y lamentarse. Dios le dijo que los dulces no eran para el cuerpo de su hijo - cuyo fin era inevitable - sino que eran para el alma... Las vibraciones llegaron al ser, entregándole el coraje suficiente para superar ese desafío.

Cuando oras o meditas, no necesariamente curarás una enfermedad, o resolverá el problema de la pobreza o falta de trabajo. Pero sin duda ganarás la fuerza para poder superar lo que esté sucediendo y, quizá, con esta fuerza, se pueda revertir los efectos malignos de esa situación.

Pensar en Dios y relacionarme con él de esta manera cambió mi forma de percibir el mundo entero. Sin duda, su poder es gigantesco y lo siento en cada día que vivo. Recuerda ese ser tan especial en tu corazón, en tu mente, antes de tomar decisiones, en cada mañana y en cada noche, en todo momento posible y sentirás la fuerza de Dios en tu vida.

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