domingo, 31 de mayo de 2015

El Arte de Amar sin sufrir - Amor es puente

Tercera etapa: tienes un rio por cruzar en el paisaje, ¿cómo lo haces? Utilizas un puente.

El amor debe fluir naturalmente como en un bebé, que es una muestra de amor. El bebé normal va a sonreír a todo el mundo sin problemas sin cuestionar: ¿De qué estrato social eres? Un bebe normal no va a sonreír al más bonito y no al más feo. Es un amor suelto, natural y “salvaje” - no está domesticado como el de nosotros, que sonreímos solo a ciertas personas. La sonrisa después de todo es una hijita del amor…

En algún momento tenemos que construir puentes por los cuales canalizamos ese amor y esa es la gran diferencia entre nosotros y el resto de la naturaleza: amar a unos y a otros no. Entendamos el poder de las relaciones en nuestras vidas.

Todo ser humano es un ser social, necesitando todas las relaciones posibles: papa, mamá, suegra, hijos, hermanos, tíos, primos, abuelos, jefes, compañeros, amigos, empleados. Cada relación tiene un nombre, pero olvidemos las palabras pues lo que cada relación representa es una función. El tío por ejemplo, tiene una relación específica, sin tanto compromisos mostrándose como una buena persona, trayendo dulces y haciéndonos nadar en el rio que los padres no permitirían, equilibrando por lo tanto la educación de los padres, lo que es necesario para el crecimiento personal.

También se necesita a la abuelita que cocina y cura la herida del dedo con una galletita; necesitamos del jefe que es estricto, duro y rígido; necesitamos del vecino que llama a medianoche para decir que tu perro no para de ladrar. Necesitamos de todas esas relaciones para crecer y cuando falta alguna relación, el ser humano es como cojo o manco, le falta algo. ¿Puedes vivir sin tener un brazo? Claro, puedes hacer lo que quieras en este mundo pero no es lo mismo porque toda la infraestructura está hecha para personas con dos brazos. Cómo es de difícil la vida para una persona en una silla de ruedas; si llega a un edificio donde solo hay escalera alguien la tiene que cargar.

En términos del ser es igual, pues requiero todas las relaciones. Si no tengo alguna bien desarrollada, puedo vivir pero crearé puentes incompletos y buscaré que la otra persona lo complete a través de las expectativas. Si no tengo tío, entonces busco en un colega en el trabajo a esa persona que no me exige nada, me lleva a lugares donde los demás no me dejan ir, hace cosas fantásticas, me hace ver lo mejor de mí y me hace reír; no tengo abuelita, pero tengo esa persona que me da la galletita cuando estoy mal...

Esos puentes incompletos no permiten que mi amor transite, pues para eso tengo que crear un puente fuerte, estable y que no se rompa, aguantando las tormentas de las relaciones y cualquier tentativa posible de sufrimiento. La relación perfecta e ideal es cuando no espero nada de esa relación porque todo se vuelve un regalo. Es algo maravilloso vivir sin expectativas, ya que el amor fluye sin parar por sólidos puentes.

Cuando un puente no es tan firme, debemos enfrentar esta realidad y hacer algo. Podemos sanar las relaciones de alguna manera, así como lo hicimos en el perdón.


Sí, a veces tenemos que reconstruir el puente, lo que significa, por ejemplo, que una madre se dé cuenta de que sus hijos no son suyos, pues ella es simplemente una guardiana de esos seres humanos, haciendo referencia a la imagen que usaba Khalil Gibran de que los padres son el arco y los hijos son las flechas: la flecha no le pertenece al arco, pero tampoco puede progresar sin él. La madre es necesaria, pero no es dueña de nadie. Cuando llegamos a una realización como esta, hay sanación y eso abre campo a que haya reconstrucción.

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Parte de la serie: EL ARTE DE AMAR SIN SUFRIR

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