Sanar el ser, a través de recuperar el equilibrio

 

En el post anterior, exploramos la idea de un "equilibrio negativo" - la forma en que cuerpo, mente y alma intentan compensar cuando la vida se desalinea. Aunque el sistema sigue funcionando, a menudo lo hace a un precio alto: dolor, estrés, vacío o desconexión. Un “equilibrio negativo” nos permite funcionar, pero no en armonía. Así que surge la pregunta natural: ¿cómo pasamos de la compensación al verdadero equilibrio?

 

¿Cómo solucionamos esto? ¿Cómo avanzamos hacia un equilibrio real?

El verdadero equilibrio no se logra arreglando solamente un área de la vida. No se trata solo de cambiar nuestra dieta, empezar a meditar o descansar más.

El equilibrio es una relación dinámica entre opuestos:

·                 Pragmatismo y espiritualidad.

·                 Acción y reflexión.

·                 Cuerpo y alma.

·                 Dinero y desinterés.

·                 Naturaleza y civilización.

·                 Ocio y silencio interior.

·                 Y mucho más...

Cuando un lado domina, el otro intenta compensar. Y por eso aparece un equilibrio negativo, disfrazado de estabilidad o una "vida normal".

Es importante recordar algo sencillo y poderoso: equilibrio no es algo que alcancemos de una vez y por siempre. Es un ciclo en el que lo logramos, lo perdemos y lo reconstruimos... y posiblemente, lo perdamos y recuperamos...

Piensa en caminar: un pie se despega del suelo y sube más que el otro - en ese momento, hay desequilibrio; luego, ese pie toca el suelo, ligeramente por delante del otro, no por una competición entre pies, sino para recuperar el equilibrio. Y ahí está, el otro pie, listo para alzarse... Cada vez que caminamos, hemos aprendido un poco más hasta dominarlo.

Cada ciclo nos enseña algo más profundo sobre nosotros mismos en cuanto a nuestros límites, nuestra actitud, nuestras prioridades, nuestra consciencia...

Para mí es útil verificarme, a través de preguntas. Por ejemplo, en relación con mi trabajo, podría preguntar: "¿Soy productivo?" Pero en cambio pregunto: "¿Puedo seguir haciendo esto a largo plazo?" "¿Qué tan saludable es este trabajo?" "¿Está alineado con quién soy realmente, con mi propósito y mi visión?"

Vivir en equilibrio no significa evitar el esfuerzo, los retos o las incomodidades; significa elegir la armonía en lugar de la constante compensación, ser conscientes cuando nos estamos obligando a adaptarnos a ritmos poco saludables.

En lugar de caer en el equilibrio negativo fácil y "natural", debemos detenernos y preguntarnos: "¿En qué parte del ciclo estoy ahora mismo?" "¿Será que estoy reconstruyendo, compensando, evitando o sanando?" "¿De verdad, estoy equilibrad@?"

 


Y quizá la pregunta más importante sea:

¿Qué tipo de equilibrio estoy viviendo hoy: uno saludable, uno negativo que he aprendido a normalizar, o estoy sanando y reequilibrándome?

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