Para soltar el control, el autocontrol es la solución
El control se siente como si fuera tu seguridad. Cuando tienes el control de tu trabajo, tu familia, tu vida o cualquier otra cosa, es como si pudieras hacer lo que quieras.
Así que soltar este control
suena casi irresponsable, pues da estructura, previsibilidad y la reconfortante
ilusión de que, si manejamos todo con suficiente cuidado, nada se desmoronará.
Y, sin embargo, la vida tiene una forma sutil de recordarnos que el control,
cuando llega demasiado lejos, se vuelve tensión.
Gran parte de la presión no
proviene de lo que ocurre, sino del constante esfuerzo por hacer que las cosas
sucedan a nuestra manera: controlar los resultados, las personas, el momento,
las emociones, incluso nosotros mismos. Este tipo de control vuelve estrecha
nuestra percepción de la vida y demanda una vigilancia constante, dejando poco
espacio para la suerte o el destino.
Soltar el control no
significa rendirse. No significa pasividad, indiferencia ni falta de
responsabilidad. Significa reconocer los límites del control externo y desviar
la atención hacia dentro.
Este es el momento en que el
autocontrol aparece silenciosamente como la verdadera solución.
Autocontrol no se trata de represión
o rigidez, como muchos podrían pensar. Es la capacidad de elegir una respuesta
en lugar de reaccionar automáticamente. Es la fuerza para detenerse, observar
lo que ocurre internamente y actuar con claridad, en lugar de impulso. Cuando
hay autocontrol, no hay necesidad de controlar a otros ni a las circunstancias.
Irónicamente, mientras más haya
autocontrol, menos control externo se necesitará, y llegaremos a una situación
en la que las emociones serán reconocidas antes de ser desatadas, salvando
muchas relaciones en el proceso. El autocontrol nos ayuda a afrontar las
situaciones sin el deseo de dominarlas.
Soltar el control, entonces,
no es una pérdida de poder, sino su refinamiento. El poder se mueve de fuera hacia
dentro, de la fuerza a la consciencia, del miedo a la firmeza, de gritar a una
profunda resiliencia.
La próxima vez que sientas
que tener el control te está estresando, simplemente ve profundo a tu interior,
medita, contempla o reflexiona unos momentos. Siente el control que tienes
sobre ti mism@. Suelta el control del mundo.
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