domingo, 12 de febrero de 2017

Culpable… ¿o no?

Al crecer con mi prima, una de las cosas que recuerdo es que cuando alguno de nosotros rompía algo, el que lo hacía inmediatamente culpaba a otro. Era casi chistoso ver la cara de confusión de la abuela que no sabía a quién castigar por tal acto.

Décadas después, este tipo de comportamiento ha seguido y se ha generalizado en el mundo entero, pues es mucho más fácil culpar a alguien más que asumir la culpa.

Sin embargo, no estamos hablando de un vaso o un florero; muchas veces se tratan de problemas serios ambientales, relacionales o de salud, donde el chiste termina cayendo en el que no asume la culpa.

En algún momento, detuve esto. Aún no es 100%, pero al menos todas las veces que me siento mal por algo que pasa no culpo a nadie… ¿Qué hago entonces?
  • En primer lugar, verifico qué sucedió y que yo haya
    hecho mi parte en el tema. Es importante entender cuál fue mi participación.
  • Cambio la perspectiva de culpa a responsabilidad. Los culpables van a la cárcel, para no hacer nada por un largo tiempo; una persona responsable es querida por todos, pues se sabe que siempre encontrará soluciones.
  • Mando energía positiva a la situación. Sé que las cosas no salieron bien, pero aun así mando lo mejor de mí, sino físicamente, al menos mentalmente.
  • ¿Se puede hacer algo? Para mí esta pregunta es clave y si la respuesta es sí, me concentro en ella, no en el problema. Si la respuesta es no…
  • Busco no martirizarme por el error. Sí, cometí el error, además de no culpar a nadie, tampoco culparé a mí. Me enfoco más bien en evitar que algo así se repita.



Tal vez al generar un ciclo de responsabilidades en algún momento podremos solucionar la realidad.

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