¿Por qué les pasan cosas buenas a las personas malas?

 

Recuerdo a una profesora de yoga dando una clase muy poderosa, de esas que sirve para sacudir a la gente del letargo mental. En algún momento, dijo algo que se me quedó grabado: muchas personas muy "malas" terminan su vida cómodas, rodeadas de éxito y seguridad.

Su punto era sencillo, pero incómodo. No deberíamos asumir que hacer el bien garantiza automáticamente buenos resultados. Y no deberíamos esperar que las personas que actúan mal siempre sean castigadas, una idea que pertenece más a las películas antiguas que a la vida real. La realidad es más caótica. Y hay varias razones para ello.

Una de ellas es la complejidad humana. Una de las peores personas que conocí de pequeño - un auténtico matón - ahora es un juez respetado en un pueblo pequeño. ¿Quién lo hubiera imaginado? Quizá partes de ese antiguo comportamiento aún existen en algún lugar dentro de él. Pero para su familia, amigos y comunidad, se le considera una persona buena y honorable.

La verdad es incómoda: una persona "mala" para ti o para mí puede ser una persona "excelente" para otros, o en otra etapa de la vida.

Casi todo el mundo, en algún momento, se ha hecho esta pregunta: ¿por qué las personas que mienten, manipulan o actúan de forma egoísta parecen prosperar - económica, social o profesionalmente - mientras que otras que intentan vivir con integridad forcejean en la vida? Puede parecer injusto, confuso, incluso desalentador, y ya hablé de ello en un post anterior.

Esa es otra razón: la vida no funciona con base en una contabilidad moral inmediata y los resultados no siempre están sincronizados con el comportamiento. Alguien puede ser muy cualificado, seguro de sí mismo o inteligente, y esas cualidades pueden traer éxito externo independientemente de sus valores internos. A corto plazo, este tipo de eficiencia puede confundirse fácilmente con virtud.

Una tercera razón es que también existe la ilusión creada por las apariencias. Lo que normalmente llamamos "cosas buenas" suelen ser logros externos: dinero, reconocimiento, poder, comodidad. Pero el éxito exterior no garantiza la paz interior. Personas que parecen estar "ganando" están lidiando en silencio con ansiedad, vacío y relaciones rotas. Rara vez vemos esa parte de la historia.

Por fin, desde una perspectiva kármica, la imagen se vuelve más amplia. Una persona puede estar actuando mal ahora y seguir disfrutando de los frutos de acciones positivas del pasado. El karma no funciona como la mensajería instantánea, es más como la agricultura.

Imagina esto: la semana pasada plantaste semillas de brócoli, pero también tienes un árbol de mango viejo en tu jardín. Durante un tiempo, disfrutarás de dulces mangos. Pero no te preocupes... El amargo brócoli ya llegará... Una persona que disfruta de una buena vida, quizá solo sea cuestión de un stock de mangos y su brócoli aún no está listo para ser consumido.

Pero, en otro tono, mirando con atención, logros duraderos rara vez pertenecen a quienes dañan a otros. Las ganancias temporales se desvanecen y no quiero sonar a cliché, pero las cualidades internas - honestidad, compasión, estabilidad - generan una especie de riqueza que no se le puede arrebatar.

Así que quizá la mejor pregunta no sea por qué les pasan cosas buenas a las personas "malas"... Pero de qué tipo de bien estamos hablando.

El éxito externo es ruidoso y visible, mientras el éxito interno es silencioso y profundo.

Y al final, la vida no recompensa las apariencias; responde a actos, palabras y pensamientos conscientes.
Tarde o temprano, lo que se planta internamente, mango o brócoli, es lo que crece.

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