domingo, 30 de julio de 2017

Ciencia y religión, dos alas de un mismo pájaro

Religión y ciencia son las dos almas utilizadas para que la inteligencia humana pueda volar hacia las alturas, con las cuales el alma humana puede progresar. ¡No es posible volar con solamente una ala![1]

En tiempos de extrema incertidumbre, como los que vivimos actualmente, cualquier ayuda o soporte deberían ser bienvenido y nada puede solucionar las innumerables situaciones que se presentan a diario como la propia capacidad humana.

Como seres humanos, somos diversos, albergando múltiples tendencias, algunas de ellas contradictorias en su apariencia.


La razón y la emoción, la ciencia y la religión, lo tangible y lo intangible… Todo nos importa y todo nos puede ayudar a generar certeza en medio de lo incierto.

Fe y razón son como dos alas que el espíritu humano usa para ascender, hacia la contemplación de la verdad; y Dios ha colocado en el corazón humano un deseo de conocer la verdad - en una palabra, conocerse - de forma que, al conocer y amar a Dios, hombres y mujeres lleguen también a la plenitud de la verdad sobre sí mismos.[2]

Mientras la ciencia y lo racional nos anclan y nos regalan un fabuloso método, la fe y la religión nos dan motivación y esperanza para seguir con este proceso.


Por muchos milenios, nuestros grandes científicos eran hombres de fe, mientras los hombres de fe utilizaron la ciencia para probar el trabajo de Dios. Por otros milenios, hubo un divorcio, una quiebra irreparable donde el espíritu humano pasó a ser un pájaro herido y tuvo que valerse de otros medios para crecer y evolucionar.

No puedo concebir un verdadero científico sin esa fe profunda. La situación puede ser expresada por una imagen: la ciencia sin religión es coja, la religión sin ciencia es ciega.[3]

Sin darnos cuenta, nosotros pasamos a actuar como personas incompletas a la hora de cambiar situaciones reales y prácticas del día a día. Esto nos afecta a la hora de resolver un conflicto o conseguir trabajo en un mercado difícil.

Esto nos afecta a la hora de encarar una enfermedad, la oportunidad perfecta de seguir lo que la medicina nos dicta, sin perder la fe y esperanza. O la muerte, la amiga que nos espera al final de la carretera que ni religión, ni ciencia explican de forma adecuada, pero ambas nos preparan a su manera para este encuentro.

Ahora tal vez sea el momento de reflexionar y volver a unir los pedazos del espíritu destruido y destituido de su capacidad integral y holística. Es la hora de unir lo visible – la ciencia y su hija, la tecnología – junto con lo invisible – la religión y su madre, la espiritualidad.


Unir el corazón y la cabeza, para devolver a la humanidad respuestas y salidas, y reconstruir la presente civilización.





[1] Abdu’l-Bahá, Paris Talks, pg. 143
[2] Papa Juan Pablo II 
[3] Albert Einstein, 1954. Science and religion. Pp. 41-49 in Ideas and Opinions. Crown Publishers, New York

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