Confianza... trampas y estimuladores
La confianza solía ser algo casi invisible: un
acuerdo silencioso entre personas, la sensación de que lo que ves es lo que es.
Hoy, esa sencillez ha desaparecido.
Vivimos en una época de inteligencia artificial,
realidades manipuladas, noticias falsas, deepfakes e información que parece
real, tan real... Y no lo es. La confianza ya no es solo una sensación, pide
discernimiento, presencia y otro tipo de inteligencia.
Y, sin embargo, incluso en este contexto, la
necesidad de confiar no ha disminuido. Si acaso, se ha vuelto aún más esencial.
Porque sin confianza, todo se desploma en desconfianzas... Y vivir en la duda
constante es agotador.
Recuerdo un ejercicio sencillo que solía hacer con equipos.
Una persona se ponía de pie, cerraba los ojos y caía hacia atrás; el equipo la
atrapaba. Nada sofisticado, ninguna tecnología, solo gente buscando algo
significativo.
Pero lo que ocurría en ese momento fue poderoso. La
persona que caía tenía que soltar todo y, al mismo tiempo, los demás tenían que
estar completamente presente. La confianza no era un concepto, fue una
experiencia.
Y eso es algo que estamos perdiendo poco a poco: la
experiencia de la confianza. Podemos hablar de ella, cuestionarla... Pero no
siempre la practicamos. Así que, vamos a practicar...
Pero sí, la confianza también tiene sus trampas y
esas son razones por las que mucha gente evita confiar.
Ser ingenu@ es una de ellas. Confundir la confianza
con una aceptación ciega o asumir que porque algo parece bueno, es lo correcto.
No olvidemos el exceso de confianza y la confianza excesiva en sistemas, roles,
títulos o incluso en nuestro propio juicio sin cuestionar.
Está también la sutil trampa de creer en alguien
simplemente por su experiencia, trayectoria o reputación, como si el pasado
pudiera garantizar plenamente el presente.
Luego, por otro lado, está la incapacidad de
confiar, porque las experiencias pasadas cerraron la puerta y la decepción se
convierte en un filtro. Para protegernos, nos alejamos de los demás y vivimos
en nuestro pequeño castillo, cala o cueva.
La confianza se mueve en este delicado espacio entre
apertura y discernimiento, dejarse llevar y mantenerse atent@. Cuando es
saludable, la confianza hace algo muy específico: crea una sensación de
seguridad interior. No porque todo sea seguro, sino porque existe la
disposición a involucrarse con la vida incluso durante la incertidumbre.
Hay una sensación de recibir apoyo por otros, por
procesos, a veces incluso por algo más profundo, que no se puede explicar del
todo.
Y quizá ese sea el verdadero cambio que se requiere
hoy: dejar de ver la confianza como algo que damos o removimos... y empezar a
verla como algo que cultivamos.
No ciegamente, no rígidamente.
Conscientemente, confiando con los ojos abiertos,
con plena atención. Confiar, no porque el mundo sea perfectamente confiable,
sino porque lo estamos creando, en cada momento.
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