Escuchar, una fuerza transformadora

 

No es algo que aprendamos de forma natural, y sin embargo, escuchar puede ser una de las habilidades blandas más valiosas por desarrollar.

Piensa en su impacto práctico.

  • Crianza de los hijos. En lugar de hablar, corregir o intentar explicarlo todo, haz un experimento: escucha a tus hijos. Mucho de lo que dicen puede parecer irrelevante... Pero entre las palabras, hay un tesoro. Al escuchar, empiezas a entender quiénes son, más allá de su comportamiento.
  • Terapia y crisis. Pocas cosas son tan poderosas como ofrecer a alguien el espacio para ser escuchado, escuchar sin interrumpir, sin apresurarse a arreglar o la necesidad de concluir. A veces, lo que la otra persona realmente necesita no es consejo, sino un alivio: el sencillo acto de vaciar el corazón.
  • Amistad. Escuchar fortalece lazos. Con amigos, vecinos o compañeros de trabajo o estudio, no se trata de permanecer en silencio todo el tiempo, sino de percibir el mome

    nto adecuado para hablar o guardar silencio, un equilibrio que genera confianza.
  • Reflexión. También hay alguien esencial a quien escuchar: a ti mism@. A través de la meditación, journalling (escribir un diario) o pausas silenciosas, surge un diálogo interior. Aprender a escuchar esa voz silenciosa es uno de los actos más significativos de desarrollo personal.

Escuchar no es algo pasivo. Es un acto activo e intencional de presencia. Escuchar profundamente es prestar atención sin interferencias. Es reducir el comentario interno que constantemente quiere interpretar, juzgar o responder.

Muchas veces, mientras alguien está hablando, la mente ya está preparando una respuesta, aceptando, discutiendo o alejándose. Escuchar es controlar la mente y concentrarse.

Pero, como en todo, hay aspectos que deben evitarse; podemos llamarlos trampas sutiles: interrumpir internamente, evaluar demasiado rápido, filtrar todo a través de opiniones personales, verse afectad@ emocionalmente, ser explotad@ por la otra persona y que te nieguen tu propia voz.

La verdadera escucha requiere cierta humildad, la disposición a hacer una pausa y abrazar verdaderamente al otro con el corazón. Añade una alta autoestima que mantenga el equilibrio interno.

Y si necesitas otro punto para desarrollar esta habilidad suave, qué tal esto: al escuchar más, la concentración mejora de forma natural y la atención se vuelve más aguda. Estos subproductos influirán en otras áreas de la vida, enriqueciendo tus conversaciones, haciendo que tus relaciones sean más genuinas y que te aclaren tu propósito personal.

Por eso escuchar puede ser transformador; no porque cambie a los demás, sino porque cambia la calidad de tu propia vida.

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