El poder de hacer las preguntas correctas
Durante mi
certificación en coaching, un concepto quedó grabado para siempre en mi mente: tengo
que encontrar la pregunta correcta.
La lógica suele
apuntarnos en la dirección opuesta. Desde
pequeños nos enseñan que el objetivo
es encontrar la respuesta correcta. Pero quiero defender la
"pregunta correcta". He aquí por qué:
- Las respuestas ahora
son un producto. Vivimos en una era sofisticada en la que las
respuestas a casi cualquier cosa están al alcance de nuestros dedos en cuestión
de segundos, una realidad que nuestros antepasados jamás podrían haber
imaginado.
- Respuestas fáciles
acaban con la dinámica. Como son tan
fáciles de conseguir, su valor ha disminuido. Ya no fomentan conversación.
Recuerdo un programa de televisión en el que un grupo de amigos tuvo un
acalorado y amistoso debate sobre la comida más popular. Años después, ese
mismo grupo habría sacado sus smartphones y recibido una respuesta fría y poco
entusiasta de internet: ¡PAN! Es eficiente, pero barato, terminando el
momento en vez de empezar uno.
- Debemos cambiar
"barato" por "profundo".
Como las respuestas son baratas, debemos mejorar nuestras preguntas. No se
trata de usar palabras "grandiosas" ni una gramática compleja; se
trata más bien de profundidad y significado.
- La búsqueda del
destino. Las preguntas son profundas cuando son sinceras.
Vienen de un lugar tranquilo dentro de nosotros, no buscando encontrar una
única respuesta "correcta", sino estimular una búsqueda. Piensa en el
clásico: ¿Quién soy yo?
- El significado
impulsa el crecimiento. Una pregunta
significativa contribuye al desarrollo personal o nos ayuda a deconstruir un
obstáculo. Obliga a la persona a explorar un panorama de posibles soluciones en
lugar de una única salida.
- La característica de
una "pregunta correcta". Una pregunta
correcta puede ser sencilla en su construcción, pero carece de una respuesta
directa. No es un "sí o no"; Requiere elaboración, reflexión y pensamiento
profundo.
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