Si las cosas no salen como planeamos...

 

Casi doscientas personas que conozco tuvieron sus vuelos cancelados o pospuestos debido a la guerra. Vi en sus rostros esa mezcla de impotencia y ansiedad silenciosa.

Estuve en India hace poco, y esas escenas se quedaron conmigo. Me dejaron con una pregunta que me parece más relevante que nunca: ¿Cómo puedes planear tu vida en un mundo que se niega a ser predecible?

Porque seamos sinceros... nos encantan los planes (al menos, a mí me encantan). Nos dan una sensación de control, dirección, incluso identidad. Pero la vida, de vez en cuando, nos recuerda - de forma suave o abrupta - que el control suele ser una ilusión.

Mi reflexión es sobre qué hacer cuando las cosas se vuelven confusas.

Nuestro primer instinto suele ser hacer más cosas: pensar más, calcular más, intentar arreglar las cosas más rápido. Revisamos nuestros recursos - tiempo, dinero, habilidades - e intentamos aumentarlos, ahorrarlos.

Por supuesto, todo esto es importante, pero lo que vi allí fue que simplemente no es suficiente. Había gente pegada a una app, intentando encontrar una salida, o quienes podían comprar un billete nuevo sin problemas; aun así, no hubo respuesta, ni lograban un ticket...

A veces la situación es más grande que nuestras herramientas y recursos, nuestra capacidad. Esto genera una presión interna, así que intentamos forzar soluciones, abriéndonos paso a la fuerza.

Sin embargo, hay una cosa que resultaba útil. En muchos rostros vi muchas sonrisas y calma, una sensación fresca que decía que todo va a estar bien. Esa es la única posibilidad que vi que tuvo más éxito: la resiliencia.

Es una fuerza interior que interviene en silencio, no como una fuerza dramática, sino como un poder más profundo. Nos ayuda a adaptarnos y, en lugar de negar la horrible realidad, aprendemos de ella y seguimos adelante.

Entonces, ¿cómo planeamos cuando no hay certeza? No creo que la respuesta sea dejar de planear... Pero planeemos de otra manera:

  • Evita expectativas rígidas. Los planes son útiles, pero las expectativas pueden tornarse trampas. Enfócate, pero con apertura.
  • Planea para lo mejor, prepárate para lo peor. No por miedo, sino por madurez. Esto crea una estabilidad interior.
  • Piensa más allá del "Plan B". A veces incluso las alternativas fallan. Ve más allá, visualizándote después de la situación. ¿Cómo quieres sentirte cuando se termine?
  • Mantén la calma, estés donde estés. La calma no es un lujo; es una herramienta para usar en estos casos.
  • Busca ayuda... en el lugar adecuado. No todos los consejos son útiles y no todas las voces aportan claridad. Elige con sabiduría.
  • Acepta lo que no puedes controlar. No como resignación, sino por resiliencia. Ahorra energía y usa esa fuerza para afrontar esta realidad.
  • Mantente concentrado. Cuando el exterior tiembla, el interior debe estar estable. De ahí es de donde surge una dirección real, una posible solución.

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