El fin... o el comienzo

 

Una vez, salí de mi trabajo como siempre y fui a tomar el bus que me llevaría a mi casa. Solía trabajar en un lugar muy bonito y agradable, pero algo me sorprendió: había una multitud en el paradero del bus. En el suelo, el cuerpo de una persona, cubierto con una blanca sábana.

Parecía bizarro. Si fuera en tiempos actuales, sin duda pensaría que era algún influencer grabando algo o, tal vez una novela. Pero, por cosas del destino, el bus justo ese día se tomó su tiempo en aparecer y por más de 30 minutos estuve a observar la escena.

La muerte, el fin de una persona que culminó su vida en un espacio público, en una época sin teléfonos celulares para llamar a alguien…

La vida, la vibración de la gente que lo rodeaba; cualquier persona observando a distancia – incluso yo mismo – pensaría que era algún tipo de fiesta. Y me hizo pensar sobre cómo miramos la muerte, tan fea y asustadora, tanto miedo…

Sin embargo, la muerte es el fin de una vida completamente experimentada. Quizás la persona no tuvo tiempo de ir a la universidad o jubilarse, tal vez no pudo despedirse o devolver lo que la vecina le había prestado. Pero fue su experiencia completa.

Todos nos iremos en medio de algo… todos dejaremos algo inconcluso. Pero todos, ABSOLUTAMENTE TODOS, iremos cuando la línea de nuestra vida se agote.

Hasta ahí habrá llegado nuestra contribución a los demás, nuestra ciudad, nuestro país, el mundo.

Hasta ese punto llegó el enriquecimiento personal por haber estado con contacto con tantas personas, por haber vivido en tales lugares.

La muerte es simplemente un proceso de conclusión. Es la entrega de una certificación, el diploma que recibimos por haber vivido. La muertes es, de cierta manera, la celebración de una vida.

Por lo tanto, celebra tu vida y, cuando partas, sentirás que valió la pena.

 

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