La búsqueda por una motivación sostenible
Motivación es algo bueno; como seres humanos, todos
la necesitamos. De lo contrario, ni siquiera las tareas muy necesarias - y
urgentes - son realizadas. Pero hoy en día las cosas son más complejas, con las
exigencias de nuestros trabajos, la vida familiar, los esfuerzos espirituales e
incluso nuestra salud.
Así que me gustaría explorar la motivación como una búsqueda,
una misión, a través de algunas historias.
Un amigo cercano tuvo un papel muy importante durante un programa para casi 1.000 personas. Su tarea era fundamental... Sin embargo, estaba retrasado. Nos encontramos en una parada de bus y, aunque yo me sentía ansioso por el retraso, él estaba completamente tranquilo. Después de un rato en el bus, también nos calmamos, bajo la influencia de su actitud. Entonces, de repente, empezó a ponerse nervioso. Finalmente, literalmente salió corriendo del bus hacia el auditorio, dejándonos atónitos. Para muchos, la motivación surge en el borde de la ansiedad; para otros, ese mismo borde genera preocupación. Pero este tipo de motivación también puede alimentar el hábito de la procrastinación y dañar silenciosamente la productividad.
Alguien cambió de trabajo
una vez para conseguir mejor salario. Al cabo de un rato, algo parecía
faltar... Buscando el mismo impulso, cambió de nuevo - y luego otra vez. Cada
vez, la promesa era mayor, la recompensa ligeramente más grande. Hasta que se
encontró repitiendo el mismo ciclo: llegar, adaptarse y, poco después, volver a
buscar. La motivación material - dinero, posesiones - funciona bien, pero
conlleva un efecto secundario sutil: la satisfacción dura poco y a veces
incluso profundiza la insatisfacción.
Una persona siempre había soñado
con una casa en el campo, y un día, lo hizo realidad. Tanta felicidad. Pero
poco a poco, el silencio se volvió pesado. La soledad apareció, como suele
ocurrir en las zonas rurales. En algún momento, el miedo vino... Y cuando la
ansiedad se apoderaba de ella, la claridad desaparecía. No encontraba un camino
hacia adelante y caía en la desesperación. Incluso el sueño más hermoso
puede convertirse en una pesadilla. Primero, trabájalo, dale forma, prepárate
para ello y solo entonces... vívelo.
La conocí hace muchos años.
Era joven, vibrante, llena de vida. Luego llegó la enfermedad: una condición de
deterioro y lo cambió todo. Fue duro, doloroso y, en ocasiones, desgarrador.
Pero algo cambió. Con el tiempo, aprendió no solo a sobrellevarla, sino a
transformar esa experiencia. Escribió un libro en español, La energía
sanadora de la enfermedad, y comenzó a compartir una perspectiva diferente:
que incluso la enfermedad puede tornarse una fuente de crecimiento. Hoy, ella
difunde esperanza, una esperanza nacida de una motivación que nunca esperaba. La
motivación proviene de cómo percibimos la realidad e incluso las situaciones
más difíciles pueden tornarse una fuente de fortaleza.
Hay personas que motivan a los demás de forma
natural, y otras que no. Conozco a alguien cuya presencia se siente... especialísima.
Estar cerca de él es tanto un placer como un honor. No presiona; invita.
Inspira a las personas a mirarse internamente y descubrir su propio potencial,
no solo lo que pueden hacer, sino quiénes pueden ser. Y quizás lo más
importante, cuando se va, algo permanece. Los verdaderos motivadores se
miden por el efecto duradero que tienen en los demás.
Y luego, hay otro camino.
He enfrentado muchos obstáculos en mi vida, momentos en los que casi me rindo.
Pero seguía volviendo: esforzándome, meditando, estudiando, refinando mi
atención. En algún momento, algo quedó claro. Me di cuenta de que podía ser mi
propia fuente de motivación. Desde entonces, he intentado mantener esa consciencia.
En un mundo tan complejo, la automotivación tiene una fuerza silenciosa,
pero solo cuando proviene del autoliderazgo, especialmente autocontrol y autoempoderamiento.
La motivación no es un solo momento; es un proceso
continuo. Y quizás al entender esto nos permite permanecer, más a menudo, en un
estado de satisfacción silenciosa.
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