Hablar, más que solo palabras

 ¿Cuánto hablo? Esta es mi reflexión hoy, porque hablo mucho. No solo verbalmente, sino también a través de muchas plataformas virtuales: email, mensajes, redes sociales, videollamadas, podcast... Y no soy el único, ya que cada día enviamos mensajes constantemente al mundo.

Sin embargo, a pesar de todos estos canales, la comunicación a menudo parece más difícil que nunca.

Parte del reto viene de la velocidad de la vida moderna, algo que se puede tocar en otro momento. Otra parte proviene de algo más fundamental: la falta de habilidades comunicacionales.

Tenemos muchas herramientas, pero no siempre la capacidad de usarlas con sabiduría.

Una buena comunicación comienza mucho antes de que las palabras salgan de nuestra boca. Empieza con claridad de pensamiento. Si nuestras ideas están confundidas, probablemente nuestro mensaje también lo será.

También requiere valores como la levedad, el respeto y una consideración genuina hacia quienes reciben nuestro mensaje.

Quizá lo más importante es que la comunicación significativa venga del corazón. La gente rara vez recuerda cada palabra que decimos, pero a menudo recuerdan cómo les hicimos sentir.

La comunicación es multidimensional. Otros reciben nuestro mensaje no solo a través de las palabras, sino también del tono de voz, las expresiones faciales, los gestos, el tiempo y hasta el entorno en el que tiene lugar la interacción. Un mensaje sencillo puede ser reforzado - o debilitado - por estos elementos sutiles.

Antes de hablar, escribir o publicar algo, vale la pena preguntarnos: ¿Qué mensaje estoy enviando realmente? ¿Y qué energía lo acompaña?

En otras palabras, cuando nuestra comunicación se vuelva más consciente, nuestras relaciones serán más armoniosas. Y eso beneficiará a todos.



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