¿Son los desafíos una maldición?

 

He enfrentado tantos desafíos en mi vida que podría escribir un libro sobre eso… Claro que eso sería otro desafío más.

Los retos tienen una naturaleza extraña y dual: pueden ser lo peor que nos sucede… o lo mejor.

En su peor versión, nos drenan la energía. Interrumpen nuestros planes. Disminuyen nuestra sensación de éxito. Es como si nos susurraran que quizá no somos lo suficientemente capaces. Si los etiquetamos como una maldición, se vuelven pesados. Y cuando algo pesa y lo cargamos por demasiado tiempo, acaba por desanimarnos.

Pero aquí está la verdad incómoda: el desafío existe. Nos quejemos o lo neguemos, sigue ahí.

En su mejor versión, sin embargo, los retos son como exámenes. No castigos, sino evaluaciones. Revelan en qué somos fuertes y dónde aún somos frágiles. Estiran nuestra paciencia. Expanden nuestra capacidad. Nos obligan a usar músculos internos que ni sabíamos que teníamos.

El mismo evento puede encogernos… o moldearnos y la diferencia no está en el desafío.

Está en el significado que le damos.

Si pensamos que los desafíos son maldiciones, perderemos la esperanza poco a poco. Si los vemos como entrenamiento, comenzaremos a acceder a algo más profundo: resiliencia, poder interior, creatividad, valentía.

Quizá los desafíos no están en nuestro contra, pero eres tú quien puede responder:


¿Son los desafíos una maldición?

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