Cuando la flexibilidad se torna el vínculo que nos une
Cuando vine a vivir
a Colombia, empecé a aprender una de las lecciones más valiosas de la vida: la
flexibilidad. Significa estar dispuesto a ceder para mejorar una relación,
escuchar a los demás, cuestionar viejos paradigmas y, a veces, cambiar la forma
en que afrontamos la realidad.
A lo largo de los
años, mientras observaba un país a menudo marcado por la polarización, noté
algo que, al menos para mí, parecía mantener unidas a las personas: su
flexibilidad natural. No es una solución perfecta, pero a menudo se vuelve el
puente que permite a las personas avanzar a pesar de sus diferencias.
Por ejemplo, tengo una buena amiga que está realmente en uno de los extremos ideológicos, y aun así estaba abierta a tener una meditación espiritual con alguien que está en el extremo opuesto... No solo es funcional, realmente se apreciaban mutuamente.
Así que,
compartiendo mis propias observaciones y experiencias, aquí van algunas
reflexiones:
- Ser flexible no significa ser permisivo. Significa reconocer tus prioridades mientras abres campo a los demás.
- Tu flexibilidad no siempre será igualada por otros, pero a menudo es el primer paso hacia la comprensión y el acuerdo.
- Cada negociación implica renunciar algo. La clave es abandonar lo que menos importa para poder preservar lo más valioso.
- La flexibilidad es, en muchos sentidos, el arte de negociar tu camino en la vida. Deja que los demás vayan primero cuando puedas y a menudo verás que ellos harán lo mismo por ti cuando llegue tu turno.
Todos nos
enfrentamos a desafíos, y cada uno de nosotros está haciendo todo lo posible
por superarlos. Quizá una de las formas más sencillas de mejorar nuestras
relaciones - y a veces nuestras vidas - sea ser un poco más flexibles.
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