Aprender, no es tan fácil...
Recuerdo cuando
estaba en la escuela y Brasil entraba en la "era de los carros". Casi
todo el mundo compraba uno porque era relativamente asequible, fácil de
conducir, y aunque cambiaras de modelo, aprender a conducirlo no era un gran
reto.
Hoy vivimos en lo
que podría llamarse la era del aprendizaje. La expectativa parece
similar: aprender debería ser barato y fácil. Barato... En muchos sentidos lo
es, al menos a la persona promedio. Aunque, si miramos tras las bambalinas, la
inversión realizada por empresas y gobiernos es enorme. Quizá algún día esos
costes golpeen a nuestra puerta...
¿Pero la parte
"fácil"? No estoy tan seguro.
Tomemos uno de los
dispositivos más comunes en nuestras vidas: el smartphone. Cada modelo - incluso
de la misma marca - es diferente. Cada vez que reemplazamos uno, tenemos que
aprender... otra vez.
O quizá no.
Probablemente esa sea la opción que la mayoría de la gente elige. Los cambios
en menús, diseños y funciones pueden ser abrumadores, así que simplemente
seguimos usando el teléfono nuevo como si fuera el antiguo. Ignoramos la mayor
parte de lo que ha cambiado porque, en la vida cotidiana, lo que ya sabemos
suele ser suficiente.
Siempre hay una
curva de aprendizaje. Sigue siendo relativamente suave si estamos contentos en
mantenernos dentro de nuestra zona de confort y usar las cosas como siempre
hemos hecho.
Pero si realmente
queremos aprovechar las nuevas posibilidades, la curva de aprendizaje se vuelve
mucho más pronunciada.
Y solo estamos
hablando de celulares. Lo mismo está ocurriendo en la medicina, la educación,
la tecnología, la comunicación y casi todas las profesiones. El conocimiento se
expande más rápido que nuestra capacidad para absorberlo.
Es una paradoja, una
especie de curva K. El aprendizaje nunca ha sido más accesible, pero el
aprendizaje significativo rara vez ha sido tan exigente.
Entonces, ¿qué
podemos hacer?
- Entiende el propósito de tu aprendizaje. Si compras un teléfono nuevo, dedica un poco de tiempo a descubrir las funciones que realmente mejorarán tu vida diaria. Quizá tenga una excelente función de conversión de voz o una herramienta que te ahorre horas cada semana. Aprende qué te sirve, no todo lo que puede hacer.
- Enfócate en lo que realmente necesitas saber. Cuando tengas que aprender algo, compara diferentes formas de hacerlo y escoge el camino más sencillo, rápido y práctico.
- Aprende con discernimiento. Un gran curso o una conferencia inspiradora puede transformar nuestra forma de pensar, y, como consultor empresarial, creo firmemente en el aprendizaje continuo. Aun así, antes de comprometer tu tiempo, responde tres preguntas:
- ¿Esto cambiará la forma en que pienso o abordo mi trabajo?
- ¿Me dará herramientas prácticas para mejorar?
- ¿De verdad voy a usar lo que aprenda?
- Las dos primeras preguntas te ayudan a evaluar la calidad del aprendizaje. La tercera te ayuda a evaluar su utilidad. Si la respuesta a esa última pregunta es un claro "no", quizá este no sea el momento adecuado.
- Por último, recuerda que no necesitas aprenderlo todo. Ni siquiera los médicos dominan todas las enfermedades o tratamientos antes de empezar a ejercer; continúan aprendiendo aplicando conocimientos en situaciones reales. Lo mismo ocurre en casi todos los campos: necesitas una función específica en tu teléfono, puedes aprenderla en ese momento; quieres construir mejores relaciones, puedes trabajar sobre el tema con la ayuda de un@ coach. El conocimiento crece a través del uso, no solo por acumulación.
Quizá la habilidad más
importante de nuestro tiempo no sea aprender más, sino aprender mejor. En un
mundo rebosante de información y conocimiento, la sabiduría está en elegir lo
que merece nuestra atención, lo que merece nuestro tiempo y lo que merece un
lugar en nuestras vidas.
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