Cuando experimentamos equilibrio, pero es negativo
He perdido el equilibrio tantas veces que he perdido
la cuenta.
En cuanto a la salud, todavía recuerdo haber vivido
años con un dolor de cabeza profundo. No era algo ocasional. No era "de
vez en cuando". Era todo el tiempo. Durante años.
El equilibrio es parte de nuestra naturaleza. Tanto
es así que, cuando lo perdemos, intentamos - consciente o inconscientemente - crear
otra forma de equilibrio, a veces uno poco saludable. Es lo que yo llamo un equilibrio
negativo: un ajuste que nos mantiene funcionando, pero a un precio alto.
Más tarde, un médico me ayudó a entender lo que
estaba pasando. Mi cuerpo compensaba un desequilibrio interno. Había creado su
propia "solución", una que resultaba dolorosa. Ese momento me dio una
profunda realización: en la vida humana, el equilibrio no siempre es inmediato.
Cuando lo perdemos, puede que tardemos años en reconstruirlo. Es ahí que entra
el equilibrio negativo, como una forma de compensar, hasta que - y si - recuperemos
el equilibrio positivo, poderoso y normal que perdimos.
Pero, además de mí, cuando miro a mi alrededor hoy
en día, siento que muchas personas viven en este mismo tipo de equilibrio
negativo, vidas cada vez más desincronizadas con los ritmos naturales,
cuerpo, mente y alma.
Veamos más de cerca cómo funciona esto:
- El cuerpo. Nos movemos menos. Comemos alimentos que nutren
menos. Y entonces aparece la enfermedad - no como un castigo, sino como una
mensajera, una señal de que algo está desalineado. El cuerpo está
constantemente intentando devolvernos al equilibrio. Cuando ignoramos esas
señales, la compensación se vuelve más pesada, dolorosa y persistente.
- La mente. Sobrepensar, overthinking, ansiedad,
preocupaciones interminables... Ya no son excepciones: se están convirtiendo en
la norma. La mente intenta compensar el vacío interior o la falta de dirección
produciendo constante actividad. Los pensamientos sustituyen al silencio y el
ruido sustituye a la claridad. Por un momento, esto entrega la ilusión de
control o propósito. Pero en el fondo, solo genera más agotamiento. Otra forma
de equilibrio negativo.
- El alma. En el pasado, la gente practicaba su religión.
Entonces muchos pasaron a hablar del tema. Ahora, para varios, incluso la
verdad misma se ha vuelto borrosa. El alma necesita silencio, significado,
conexión y ese fuego interior de aquellos tiempos. Sin alimento, el alma
busca sustitutos: distracción constante, validación externa y un consumo
interminable de información.
Un equilibrio negativo hace que el sistema
funcione, pero no en armonía. ¿Cómo arreglar eso? Un tema para el próximo post...
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